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Como nos cambia la vida






Hoy con 60 años, y mientras veo a mi hijo del corazón, pequeño aún  venir a mi encuentro sonriendo y con los brazos abiertos para abrazarme, en un instante fotografié la historia de mi vida. Y quedé como hipnotizado, sin poder reaccionar por un instante.

Despues , comenzó a desfilar por mi mente el tiempo pasado. Un tiempo pasado que me llena de nostalgias, porque como una película voy mirando cuadro por cuadro, y aparecen momentos que permanecen inalterados en mi memoria. Seguramente todos hemos tenido infinidad de hechos, sucesos, momentos buenos, malos, regulares, indescriptibles, inolvidables etc, pero no todos afloran, solo aquellos que resultaron mas llamativos que los demás y están guardados en algún lugar de nuestro cerebro. ¿no les ha pasado que en algún momento retorna algo que vivieron o que les ocurrió mucho tiempo atrás y ni siquiera pensaban que podían volver a recordarlo?

Rememoro cuando mi padre en la galería de mi casa me sentaba entre sus piernas y me enseñaba las primeras palabras con el libro UPA, (mi madre dijo que yo tenía 4 años) , cuando lo esperábamos que volviera de su trabajo; desde lejos divisábamos su andar y corríamos a su encuentro, principalmente los días jueves que me traía el Patoruzito y a mi hermano el pato donald, y veníamos rodeado con sus brazos mientras lucía en nuestras manos la revista esperada. En esos tiempos mi pa-dre trabajaba en los talleres de la empresa Mixta y compraba las revistas en el quiosco de diarios que estaba en la esquina de Lagos y Pe llegrini sobre la ochava de la empresa.

Ayer nomás recuerdo con 6 añós mi primer dia de clase. Un salón grande con muchos niños y una ventana grande donde mi madre estaba asomada mirándome, mientras muchos lloraban porque quedaban solos En un momento dado miro nuevamente hacia la ventana y mi madre ya no estaba. Escuché a la seño (como dicen ahora los chicos) enseñarnos los primeros "palitos" pero recuerdo no haber sentido en ningún momento esa primera separación.

De mi niñez cuando jugábamos a las figuritas que poníamos contra la pared y nos cruzábamos la zanja con los "rulemanes" y tirábamos desde la calle y según las que volteabas te las llevaba. Recuerdo cuando solo uno de los pibes del barrio juntaba para llenar el álbum. En ese tiempo la difícil fue la de Pelé. Cuando la consiguió como trueque a cambio de cientos de figuritas (un frasco grande de aceitunas llenas de figuritas por la de Pelé) fuimos todos a entregar el álbum y nos volvimos con el premio: la número 5 tan deseada, tan esperada. Porque hasta ese momento jugábamos con la de goma roja con rayas blancas o la de trapo.

Cuando era la época de los barriletes. Mi padre antes de irse a trabajar a las cuatro de la mañana nos hacía dos barriletes que perdíamos entre los árboles rápidamente. Recuerdo de Roberto, cuyo padre le hizo un "cajón" , recubierto con papel rojo y una vela encendida en su interior , se elevaba y en la noche era un lindo espectáculo y que yo le puse al mío una gillete en la cola, y lo arrimé al de Roberto, y le corté el hilo. Recuerdo al padre y a Roberto como corrían para ir a buscar el cajón que se alejaba y desaparecía entre las casas lejanas del barrio

Los trompos, la época de los trompos cuando cada uno de nosotros teníamos varios, principalmente la "batatita" y jugábamos poniendo en un circulo hecho en la tierra los trompos mas viejos y rajados (todos tratábamos de poner los "camambú" que eran los trompos grandes, largos que no servían mucho) Y lanzábamos nuestro principal tratando de sacar del círculo la mayor cantidad en un solo tiro sin que dejara de girar.

Las chapitas de gaseosa, cerveza que juntábamos cerca de los bares y que disputábamos con el tejo.

Los días de invierno nos sentábamos dentro de las zanjas secas y hacíamos un hoyo en la pared lateral a modo de horno, poníamos ramas, y prendíamos un fuego, uno traía una papa, otro un camote, y lo ponía-mos en ese "horno" hasta que estuviera cocida y que después comíamos.

San Pedro y San Pablo, durante días y dias juntábamos ramas hasta armar esa gran fograta con el muñeco que en una noche fría ardía rodeado por todos los que habíamos trabajado para su construcción

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